¿Sirve de algo una tarjeta de sonido dedicada?

Con el anuncio en el día de ayer de la nueva Creative Sound BlasterX AE-9 se puso de manifiesto una de las mayores batallas que existen en el mundo del sonido, la cual nos lleva evidentemente a la gran pregunta:

¿Sirve de algo una tarjeta de sonido dedicada?

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Empecemos hablando un poco de los componentes principales de una tarjeta de sonido para ver en que influye o puede influir el comprar una de mayor o menor calidad.

Procesador / DSP

Es el encargado de generar la cadena de bits que forman el sonido, ya sea desde un fichero de audio almacenado en nuestro PC (trabajo nimio), desde los múltiples canales de una película (que pueden ser distintos que los de nuestra salida y con compresiones), desde un juego con una enorme cantidad de fuentes de sonido (trabajo complejo) o en entornos profesionales

Lógicamente, para leer un fichero musical, no necesitamos un complejo procesador, pues la decodificación no tiene mucho más que interpretar el códec de audio usado.

Subimos un peldaño en la interpretación del sonido multicanal de una película, pero si no hablamos de configuraciones Dolby Atmos (sonido posicional), no es mucho más que varios ficheros de audio simples. Dolby Atmos si tiene entre sus requisitos calcular la posición de cada altavoz y modificar el sonido con algoritmos matemáticos que lo modifiquen para asumir este aspecto. Aun así, sigue sin ser demasiado complejo.

Lo que de verdad resulta complejo es trabajar con numerosas pistas de audio de forma simultánea, ya sea desde un software de creación musical en entornos profesionales o en juegos con gran complejidad sonora. Para el primer caso, debería resultar obvio para cualquier lector que se necesita una interfaz de audio dedicada a tal fin, ya no solo por su procesador preparado para ello, sino por las interfaces de entrada/salida que ofrecen y otros menesteres. Para lo que no queda tan claro es si para juegos hace o no falta una tarjeta “especial”, pero de ello iremos hablando en adelante tras dejar claro que es un trabajo “complejo”.

DAC / Conversor Digital a Analógico

El DAC es el encargado de convertir la señal digital, los 0s y 1s, en una señal analógica que puedan entender nuestros oídos. Es aquí donde toma importancia la resolución, el número de bits con el que se almacena cada muestra de sonido, y la frecuencia de muestreo, el número de muestras que se hace por unidad de tiempo.

Para que nos entendamos, hablamos de los bits y kHz con los que está almacenada la música y con los que la procesamos. Partiendo de la base de que un CD de audio convencional tiene un muestreo de 16 bits / 44,1 kHz, hablamos de que cada segundo se realizaron 44.100 muestreos con un nivel de precisión de 16 bits (lo que se traduce en 65.536 valores diferentes) a cada segundo. Actualmente, se denomina Hi-Res al sonido que supera los valores anteriores, aunque habitualmente hablamos de 24 bits y al menos 96 kHz.

Lógicamente, mejorar la precisión y el número de muestras tomadas aporta un sonido más fidedigno, aunque el oído humano tiene sus limitaciones y las diferencias cada vez se hacen más pequeñas, por lo que superar la calidad del CD Audio muchas veces no es apreciable por algunas personas.

ADC / Conversor Analógico a Digital

Es lo estrictamente opuesto a lo anterior, usado para crear el sonido con mayor o menor precisión. Lógicamente, un micrófono u otra fuente de captura es necesaria para dar vida a un ADC, pero tampoco es un aspecto en el que nos vayamos a enfocar en este artículo.

Amplificador

Este es quizás el aspecto más importante de cualquier tarjeta de sonido, ya sea integrada o dedicada, sobre todo a la hora de usar auriculares.

El sonido que proviene del DAC, debe ser amplificado antes de llegar a cualquiera de las salidas de la tarjeta de sonido analógicas, habitualmente jacks y algunas veces RCAs. Mientras que para las salidas de altavoces este necesita una mínima amplificación que por lo general no supone ningún problema para cualquier tarjeta de sonido o fuente de audio, para auriculares si existen grandes diferencias.

Muchas veces vemos tarjetas que indican que admiten una impedancia de 32 a 600 ohmios como característica destacada, aunque nunca indican que potencia entregan en dicho rango. Esto provoca la mayor diferencia entre una tarjeta dedicada y una integrada, pues las segundas suelen flaquear de potencia de salida y solo cumplen con los modelos convencionales de 32 ohmios, pero con modelos que exigen mucho más, flaquean y les cuesta mover sus membranas, ofreciendo un sonido pobre que dista de lo esperado.

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Interfaz de audio o Tarjeta de Sonido

Anteriormente hemos hablado de tarjeta de sonido o de interfaz de audio, dos términos que hacen referencia al mismo componente, pero con matices. Cuando hablamos de tarjeta de sonido nos referimos habitualmente a un producto de uso doméstico enfocado a multimedia y juegos, mientras que cuando hablamos de interfaz de audio nos referimos a un producto de uso profesional. Muchas veces existe una delgada línea entre ambos ámbitos, por lo que pueden “confundirse”, pero hablamos de lo mismo con ambos términos.

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Dicho todo lo anterior, podemos resumir que la gran diferencia entre una tarjeta de sonido básica, como son las integradas, y una dedicada está en la potencia de su procesador para trabajar con múltiples canales y generar el sonido envolvente, en la capacidad de su DAC para transformar el sonido en analógico y en la solvencia de su amplificador para darnos este sonido en las salidas de audio.

Sobre lo primero, debemos de decir que una tarjeta de sonido “gaming” suele incluir varios procesadores para trabajar con esas numerosas fuentes de sonidos que se generan en juegos y crear un ambiente surround realista, algo realmente importante y que diferencia en gran medida a las tarjetas integradas de las dedicadas.

Hay vídeos donde esto queda fácilmente patente de forma mucho más clara que la que pueden aportar las palabras:

 

Igual que hay vídeos donde se muestran las bondades que puede generar el software que las tarjetas integran para personalizar este efecto al gusto:

 

Es el turno ahora de hablar de la importancia del DAC, la cual es mucho más controvertida. Muchos tienen la convicción de que casi cualquier DAC moderno es suficiente para la mayoría de oídos, y seguramente llevan razón, mientras que otros dan una gran importancia a este para el sonido final.

La realidad es que una tarjeta de sonido integrada de casi cualquier placa moderna, de esas con chip Realtek, es más que suficiente para casi cualquier persona, solo siendo necesario algo mejor para audiófilos y entusiastas que quieren maximizar la calidad de sonido, siempre y cuando el resto de aspectos estén bien acabados.

Nos centramos ahora en el amplificador, el cual como dijimos es uno de los aspectos diferenciadores de las tarjetas integradas y las dedicadas. En resumen, para altavoces ocurre como con el DAC, que ambas cumplen sin problemas para la mayoría de usuarios y solo los más exigentes necesitan una salida convencional mejor. Pero para auriculares, la cosa cambia radicalmente.

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Si compramos unos auriculares gaming con conector jack y un sonido seguramente regulero (por no decir malo), nos va da igual usar una cosa que otra: tendremos un sonido regulero (de nuevo por no decir malo). Pero si compramos unos auriculares mínimamente decentes, como pueden ser unos Cloud, la gama HS de Corsair o similares, o si optamos por modelos Hi-Fi o profesionales como los ATH-M50x o los DT990/DT770, veremos cómo cambiar de una integrada a una dedicada es un salto de calidad sonora impresionante, quedando patente que su mejor amplificador permite que las membranas se muevan correctamente y saquemos mucho más partido de los mismos.

Y alguno pensará, ¿pero eso no se puede deber al DSP o al DAC? Pues no. ¿Tan tajante? Si, bueno, al menos no en la mayor parte. Y es que, si conectas un amplificador de auriculares, como algunos modelos FiiO que hemos analizado, a la tarjeta de sonido integrada de tu ordenador, verás igualmente como los cascos ganan en calidad de forma similar a como lo hacen con una buena tarjeta dedicada.

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Tras todo esto, nos falta hablar de otro aspecto muy importante: las interferencias electromagnéticas. Si bien las placas base alardean de que tienen el PCB de audio separado del resto para minimizarlas, esto solo es cierto para la zona de componentes principales, pero no para las conexiones. Si sumamos que el propio chasis genera interferencias, mal asunto.

Esto también ocurre en las tarjetas dedicadas internas, porque rozan con el chasis, y en las externas, porque les llegan a través del USB, pero se minimiza mucho en las primeras y casi del todo en las segundas.

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Volviendo a la pregunta del inicio del articulo:

¿Sirve de algo una tarjeta de sonido dedicada?

Por supuesto. A estas alturas del post, debería quedar bien claro. También debería quedar claro que no es un articulo para todo el mundo, como casi todo en este mundo, pero si para los que quieren un extra en calidad de audio. No hace falta ser un audiófilo o tener miles de horas de supuesto conocimiento musical en los tímpanos para notar las diferencias, solo unos altavoces de calidad, o mucho más fácil, unos auriculares de calidad.

Anotar por último, como contestación a algunos de los comentarios de la noticia de la nueva Creative Sound BlasterX AE-9, que una placa base de gama alta con una supuesta tarjeta de sonido de calidad integrada seguramente tendrá un buen procesador, un muy buen DAC e incluso un amplificador muy resultón, pero seguramente quede en evidencia ante una “simple” Sound Blaster Z, muy buena en todos los aspectos analizados.

Igualmente decir que las especificaciones dicen poco o nada de lo que realmente son capaces de hacer, pues en cuanto a procesador no dicen nada, en cuanto a DAC ya hemos dicho que influirá relativamente poco y en cuanto a amplificador, que digan que manejan hasta 600 ohmios es “falso” en la mayoría de casos. También anotar que modelos de producción como las Scarlett de Focusrite o las U-Phoria de Behringer no son buenas para crear el sonido de juegos, mientras que si ofrecen bondades para la reproducción musical o para lo que son, producción.

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