Review: Razer Wolverine Tournament Edition

Si bien hace ya casi dos años analizábamos el Wildcat, hoy tenemos con nosotros el nuevo controlador avanzado para Xbox One de la marca californiana, el Razer Wolverine Tournament Edition. Enfocado a jugadores profesionales, añade botones y funciones extras frente al mando original, aunque por el contrario es cableado.

En esta ocasión no ofreceremos nuestra habitual tabla de especificaciones, pues realmente no ofrecen muchas oficiales, por lo que comenzaremos de lleno en esta misma página viendo su embalaje.

El Razer Wolverine Tournament Edition llega en una caja de cartón que mantiene la estética habitual mezclando el negro y verde eléctrico tan característicos de la marca californiana.

A lo largo y ancho del embalaje vemos sus principales características y algunas de sus especificaciones como unas dimensiones de 106 x 155 x 66 mm (alto, ancho, grueso) y un peso de 256 gramos, siendo ambos valores muy similares a los del modelo oficial.

En el interior, encontramos el controlador muy bien protegido por un marco de espuma y los accesorios recubiertos de cartón en la zona inferior.

Además de la habitual tarjeta de agradecimiento de Razer, el manual de usuario y dos pegatinas con el logo de la marca, se incluye un cable USB a micro-USB de 3 metros. Este es quizás el mayor punto en contra del dispositivo, pues solo podemos usarlo cableado, no tiene batería, y el conector se ve rodeado por un plástico que impide usar cualquier cable USB que tengamos por casa, no pudiendo poner uno más corto o sustituirlo. Fea jugada de Razer que suele hacer con multitud de sus periféricos, mientras que el no ser inalámbrico es culpa de Microsoft, pues solo permite controladores cableados a terceros. Eso sí, algo bueno tiene el cable y que es desmontable cerca del conector del mando, una estrategia antitirones realmente práctica.

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